Bixente Atxa Uribe

Rector de Mondragon Unibertsitatea y vicepresidente de la División de Conocimiento.

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Talento

El sistema universitario vive un crecimiento generalizado de las vocaciones en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), impulsado por áreas emergentes como la Inteligencia Artificial, la Ciencia de Datos o la Biotecnología. En España, los datos oficiales de la CRUE confirman esta recuperación, con un aumento del 11,6 % de la demanda en el último quinquenio. Sin embargo, la foto de conjunto exige cautela: según el Education and Training Monitor 2025, la matriculación en STEM en la educación superior española se sitúa en el 24,7 %, por debajo del 26,9 % de la media europea y lejos del objetivo del 32 % fijado por la Unión Europea para 2030. Además, este dinamismo está desplazando parte del interés de los y las estudiantes desde titulaciones clásicas hacia nuevos grados especializados, reconfigurando progresivamente el mapa formativo.

Frente a la pérdida de peso histórico de las ingenierías a nivel estatal, con un descenso acumulado del 12,8 % en los últimos 25 años, el País Vasco se consolida como una excepción estratégica. Euskadi es la segunda comunidad con mayor proporción de titulados y tituladas STEM, con un 29,4 %, y destaca con un 19,6 % de matriculaciones en Ingeniería, Industria y Construcción, cinco puntos por encima del promedio estatal del 14,6 %. En Mondragon Unibertsitatea vivimos este arraigo de primera mano: alcanzamos récords de matriculación en nuestras ingenierías, respaldados por tasas de desempleo inferiores al 4 % en la rama técnica, manteniendo un elevado atractivo industrial.

Sin embargo, uno de nuestros grandes retos es lograr un mayor equilibrio entre las distintas disciplinas tecnológicas. Si echo la vista atrás, a mi etapa como estudiante de Ingeniería Electrónica en Mondragon Unibertsitatea, recuerdo que en primero de Ingeniería éramos unos ochenta alumnos en Electrónica y cuarenta en Mecánica. Hoy en día, esa relación se ha invertido por completo: contamos con casi el doble de estudiantes en áreas mecánicas, de diseño u organización que en electrónica e informática. Necesitamos corregir este desequilibrio, porque el tejido industrial necesita un balance adecuado entre la ingeniería tradicional y las tecnologías de la información. Esto nos obliga también a reflexionar sobre cómo trabajamos las vocaciones STEM en función de cada disciplina y de las necesidades futuras de nuestras empresas.

A este desequilibrio entre especialidades se suma el reto persistente de la brecha de género. Aunque hemos mejorado respecto al pasado, queda mucho camino por recorrer. En primero de mi promoción, si no recuerdo mal, solo había una chica; hoy, cerca de un tercio del alumnado de nuestras ingenierías son mujeres. A nivel estatal, los informes oficiales reflejan una presencia femenina de solo el 28,6 % en STEM, todavía muy alejada del objetivo europeo del 40 % para 2030. Además, ese porcentaje esconde diferencias muy significativas entre disciplinas. Por ejemplo, en Mondragon Unibertsitatea son Ingeniería Biomédica, Diseño y Organización las áreas que concentran una mayor presencia de mujeres, mientras que en disciplinas como Mecánica o Electrónica los porcentajes siguen siendo considerablemente más bajos. Superar estas barreras es un reto fundamental para Euskadi, porque difícilmente podremos responder a la demanda futura de talento sin atraer plenamente a las mujeres a estas disciplinas. Euskadi y MONDRAGON, por su peso industrial, necesitan estos perfiles si queremos seguir siendo un grupo empresarial y un país competitivos.

A todo ello se añade la irrupción de la Inteligencia Artificial, que está convirtiendo progresivamente las competencias STEM en competencias cada vez más transversales. Esto nos obliga a replantearnos también cómo entendemos y trabajamos las vocaciones STEM, porque la IA no solo está creando nuevas profesiones, sino transformando las competencias necesarias en prácticamente todas las disciplinas.

En Mondragon Unibertsitatea llevamos años impulsando la estrategia STEM para alinear la formación universitaria con la transformación digital. Sin embargo, lograr este equilibrio, tanto entre disciplinas como en términos de género, es un reto de toda la sociedad. Las vocaciones no nacen al formalizar la matrícula universitaria, sino que se construyen mucho antes, desde la infancia, en la escuela, en el entorno social y también en el seno familiar. El compromiso empieza en los hogares, educando con las mismas expectativas, oportunidades y ambición a niños y niñas si queremos garantizar el talento necesario para construir un futuro industrial próspero, competitivo e inclusivo.

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