Oier Bolibar Mendizabal

CEO y Fundador de Plugeen Mobility Services. Profesor ayudante en la Universitat Politècnica de Catalunyan (UPC). Master en energías renovables y sostenibilidad energética en la Universitat de Barcelona (UB).

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Movilidad

En el complejo escenario geopolítico actual, las advertencias realizadas por el experto en políticas energéticas Jan Rosenow han adquirido una importancia crítica a nivel mundial, al haber quedado en evidencia la extrema fragilidad del sistema económico global. Rosenow ha subrayado repetidamente que la dependencia de arterias estratégicas como el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un riesgo sistémico; de hecho, las tensiones militares o los bloqueos en dicha zona tienen un impacto inmediato en las cadenas de suministro de todo el mundo. Esta crisis, además de revivir los recuerdos de la crisis del gas de 2022, ha convertido la factura energética en una especie de «impuesto invisible», encareciendo la vida de la ciudadanía y poniendo en jaque la competitividad de las empresas debido a la incontrolable volatilidad de los precios. La tesis principal de Rosenow sostiene que la seguridad nacional y económica no puede fundamentarse en la protección de las rutas de combustibles fósiles, sino en su eliminación definitiva de la ecuación; pues, en palabras del experto, «al sol y al viento no les importa lo que ocurra en los puntos críticos de suministro geográfico», siendo esta, precisamente, la clave para alcanzar la verdadera inmunidad energética. Esta búsqueda de la «inmunidad energética» se ha convertido en el nuevo estándar de resiliencia para la industria moderna.

En la misma línea, la asociación europea de energía fotovoltaica, SolarPower Europe, está cuantificando el ahorro en el consumo de gas provocado por la generación de energía solar instalada en Europa desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio. Hasta la fecha, esto ha supuesto un ahorro total de 5.600 millones de euros; al mismo tiempo, la Comisión Europea ha definido en 22.000 millones de euros el sobrecoste por el aumento de precios que ha contabilizado. Estos datos muestran claramente que, a pesar de que el sobrecoste de la crisis sea elevado, las energías renovables ya actúan como un escudo económico.

Mirando hacia el futuro, Rosenow proyecta que la electrificación no es solo un cambio de combustible, sino una transformación estructural hacia la eficiencia masiva. Sus análisis sugieren que una electrificación profunda podría reducir la demanda final de energía global hasta en un 40%, dado que tecnologías como las bombas de calor y los vehículos eléctricos son drásticamente más eficientes que sus alternativas fósiles. Este potencial es especialmente disruptivo en el sector industrial, donde se estima que la gran mayoría de los procesos térmicos podrían estar electrificados para el año 2035 a medida que las soluciones tecnológicas maduren. Para el experto, el despliegue de una infraestructura eléctrica inteligente y distribuida es el cimiento de una potencia industrial del siglo veintiuno que sea moderna, competitiva y, sobre todo, segura frente a los vaivenes geopolíticos.

El recorrido es largo pero necesario, las empresas industriales deben comenzar a desacoplarse de la dependencia energética externa y centrarse en las soluciones eficientes y locales reduciendo su exposición y riesgo a las oscilaciones externas porque el impacto positivo es inmediato.

Mientras el debate internacional busca soluciones globales, el Grupo Fagor avanza en esta línea estratégica demostrando que la soberanía energética es una realidad tangible mediante un modelo integral que pueda garantizar la independencia del combustible fósil. Gracias a esta estrategia, el 75% del consumo de energía a nivel mundial fue eléctrico el año 2025, y de ese consumo eléctrico el 89% fue renovable. De este modo, el grupo no solo refuerza su compromiso ambiental, sino que estabiliza sus costes operativos frente a las fluctuaciones del mercado de hidrocarburos, blindando su actividad frente a las crisis externas.

La efectividad de esta apuesta se vuelve indiscutible cuando se traduce en beneficios directos para las personas, como demuestra el caso de una persona que realiza habitualmente el trayecto entre Durango (Bizkaia) y Arrasate (Gipuzkoa). La experiencia reportada indica que el coste del viaje utilizando el motor de combustión resulta tres veces superior al coste en modo eléctrico cargando en las instalaciones de Fagor, lo que evidencia que la energía gestionada internamente ofrece una alternativa económica y estable frente a la inflación energética. Los resultados obtenidos al cierre de 2025 confirman la magnitud de este compromiso con una infraestructura que ya cuenta con 66 puntos de recarga operativos en total. Durante el ejercicio 2025 se registraron 2.212 sesiones de recarga que suministraron un total de 26.100 kWh de energía limpia, consolidando una red de movilidad robusta y fiable.

Este despliegue ha permitido recorrer 153.530 kilómetros verdes totalmente ajenos a la dependencia del petróleo, lo que ha evitado la emisión de 24,56 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Para alcanzar un impacto positivo equivalente de forma natural, se habría necesitado la labor de absorción de aproximadamente 1.116 árboles durante un año entero, una cifra que ilustra el peso real de la descarbonización en el grupo.

En definitiva, la visión de Jan Rosenow sobre el fin de la era de la dependencia fósil encuentra en el Grupo Fagor un ejemplo de ejecución y anticipación. En un mundo donde el Estrecho de Ormuz simboliza el sobrecoste, Fagor demuestra que el futuro eléctrico es el camino hacia la competitividad económica y la sostenibilidad.

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